Doctor Carlos Allende

Primer centro argentino para niños muy inteligentes y sus padres

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Niños muy inteligentes: agresividad, tristeza y miedos nocturnos

Dr. Carlos Allende

La agresividad

Entre los dos años y medio y los cinco años, los niños suelen pelear por los juguetes que quieren y por el control de su espacio. Es una agresión que tiene como objetivo alcanzar una meta (por ejemplo, conseguir un juguete). Dentro de los siguientes tres años o más, los niños dejan de demostrar su agresión con golpes y empiezan a hacerlo con palabras.

Cierto grado de agresión es normal, y los niños que pelean por las cosas que quieren tienden a ser más sociables y competentes. Entre los dos y los cinco años, conforme los niños pueden expresarse mejor con palabras, la agresión disminuye en frecuencia y duración de los episodios agresivos. En niños muy inteligentes, el uso temprano de las palabras otorga la posibilidad de racionalizar con antelación sus demandas y la agresividad se va canalizando antes que el común denominador de sus compañeros.

La tristeza

Muchos niños carecen de la madurez emocional y cognitiva suficiente para identificar y organizar correctamente sus experiencias emocionales. Más que expresar tristeza, los niños muy inteligentes deprimidos verbalizan “aburrimiento o enfado”, se muestran desafiantes y retadores, utilizando discusiones y peleas como vía para expresar su malestar emocional.

Tanto el sueño como el apetito suelen alterarse menos que en los episodios depresivos de los adultos. La alta sensibilidad, los aspectos "injustos" del mundo que los rodea, el sufrimiento, etc., hace que en reiteradas oportunidades los niños, al no encontrarle solución a esos padeceres, encuentren como camino un cierto estado depresivo.

El acompañamiento de sus padres será el mejor camino de resolución, intentando hacerle comprender que la injusticia existe, pero que se resuelve a través de toda la sociedad, no sólo de ellos.

Los Miedos Nocturnos

Se trata de uno de los trastornos más frecuentes en la infancia. Podemos definirlo como un sueño largo muy elaborado, con riqueza de detalles y que provoca en el niño una fuerte sensación de ansiedad, miedo o terror. El contenido de los mismos es muy variado pero siempre existe un componente de peligro para la integridad física del niño. Por lo general no hacen referencia a situaciones reales (salvo en aquellos niños que han sufrido situaciones traumáticas).
El episodio suele terminar con el despertar del niño, volviendo éste a un estado de plena alerta y con la sensación de miedo o ansiedad todavía presente.

En general éstos miedos en niños muy inteligentes son sumamente elaborados, llenos de personajes fantásticos y escenas muy bien relatadas. No olvidemos que el sueño está constituído por vivencias profundas que tienen que ver con la riqueza intelectual de cada sujeto y una conjunción de restos diurnos, o sea vivencias del día anterior.